La copa menstrual: una experiencia de empoderamiento

Hace ya tiempo que me pidieron por las redes una revisión de mi experiencia usando la copa menstrual y verdaderamente era algo sobre lo que tenía muchas ganas de escribir. No quiero hacer una simple review, pues bien sabéis que en este blog procuro ser crítica en todo lo que tenga que ver con aspectos sociales, ambientales y de salud. Voy a hablar de este tema sin ningún tipo de tapujo, ya que considero que es la mejor manera de plasmar mi experiencia derribando tabúes absurdos. En todo caso, os animo a todas y todos a leer este post, y digo todos porque a los chicos les puede venir muy bien este artículo para ayudarles a empatizar con nosotras.

La menstruación, por muy natural que sea, es un auténtico estigma social, como casi todos los aspectos de la sexualidad femenina. Ya de antiguo, solía segregarse a las mujeres en período. En el Levítico 15:19-33, se cita textualmente “Cuando una mujer tenga flujo, si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza menstrual por siete días; y cualquiera que la toque quedará inmundo hasta el atardecer”. En la cultura popular, una mujer menstruando puede incluso cortar la mayonesa. Brujería. Y las empresas de productos de higiene íntima, cómo no, centran sus campañas publicitarias en, por un lado, potenciar esta tradicional vergüenza a nuestra fisiología, y por otro,  en idealizar una menstruación irrealmente aséptica, ya que al fin y al cabo la cosa está en vender. Da exactamente igual a quién se lleven por delante.

Las mujeres, malditos monstruos del averno cuyo útero comete el sacrilegio de regenerarse todos los meses con sus sangres y sus olores para poder albergar vida, siempre han tenido que esconder sus procesos vitales y avergonzarse de ellos. Y este secretismo es mucho más fácil de llevar cuando podemos deshacernos de las pruebas del delito sin necesidad de lavarlas a escondidas como se hacía con los trapos de toda la vida. En una sociedad patriarcal, a nadie le importa: las mujeres somos ciudadanos de segunda y muchas veces, lo hemos aceptado sin rechistar. Quien no haya sacado del bolso y escondido bajo la manga el tampax hacia el baño como si estuviera pasando heroína, quien no haya sentido pavor a tener adelanto, o quien no haya experimentado la humillación de que le bajara la regla de repente, que tire la primera piedra.

Al menos las chicas de mi generación y mayores pueden estar de acuerdo conmigo en que la educación sexual impartida en las escuelas deja bastante que desear, lo que sumado al tabú, nos obliga a buscarnos la vida para controlar el sangrado, con lo que acabamos tirando de los métodos que de más publicidad gozan: los insanos y antiecológicos tampones y compresas desechables. Así, crecemos totalmente ignorantes de nuestro propio ciclo (intoxicadas a menudo por prejuicios y dogmas de dudosa validez científica) y de los métodos higiénicos disponibles.  Teniendo en cuenta que muchas mujeres pasan la adolescencia sin saberse poner un tampón, no hablemos de probar métodos alternativos como las compresas de tela reutilizables, la copa menstrual, las esponjas marinas e incluso el injustamente denostado sangrado libre.

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Hace unos días, la CUP propuso introducir los métodos alternativos de higiene íntima dentro de los planes de educación sexual. La caverna mediática, airada, no tardó en manipular la noticia

En cuanto al impacto ambiental haced números. ¿Os imagináis las toneladas de residuos que generan estos productos? Una media de 65 kg por mujer a lo largo de su vida fértil, lo cual se traduce fácilmente en 65 toneladas por cada 1000 mujeres. Una auténtica bestialidad.

Aspectos de género y ecologistas aparte, hay que mencionar una cosa. Los fabricantes de compresas y tampones no están obligados a declarar los materiales con los que elaboran sus productos, y en efecto se ha descrito la presencia de dioxinas, potentes cancerígenos y asociada a la endometriosis, e incluso asbesto, capaz también de provocar cáncer. Dejando de lado estos contaminantes que pueden ser más o menos ocasionales, el propio material  de estos productos deja bastante que desear. El rayón, utilizado como fibra absorbente, no deja transpirar, con lo que provoca heridas e irritaciones (en este caso, habla la voz de la experiencia y este fue el detonante de que me pasara a la copa), mientras que el poliacrilato, usado como gel absorbente, está relacionado con el desarrollo de Síndrome del Shock Tóxico, una enfermedad provocada por estafilococos potencialmente mortal.

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Laura Wasser, modelo, sobrevivió al Síndrome del Shock Tóxico pero perdió la pierna. Todo por culpa de un tampón

No, no es justo todo esto. No es justo para nosotras tampoco lo es el medio ambiente. No quiero que me pique ahí abajo ni correr riesgos innecesarios. No quiero comprar productos que, por muy de primera necesidad que sean, se publiciten con unos valores que denigran mi feminidad,  mi consagración a la Luna y mis fluidos. ¿Por qué esa obsesión con el olor y los fluidos femeninos; alguien se ha planteado lo mismo con los de los hombres (os enlazo a un irreverente y subido de tono pero divertidísimo vídeo)? ¿A nadie le preocupa el impacto ambiental? ¿Tenemos que seguir encerrándonos en el miedo pudiendo probar métodos que pueden resultar más cómodos, sostenibles y sanos? Antes de hablar de copa menstrual o cualquier otro método alternativo, creo que debemos analizar todos estos prejuicios que realmente son cadenas, y en función de eso, decidir si cambiar de método de higiene íntima o no. Pero en serio os digo que trabajar por derribar todas esas vergüenzas ha sido para mí una de las inversiones morales más rentables de mi vida, un proceso total de empoderamiento.

¿Qué es la copa menstrual?

Viene a ser un dispositivo, generalmente de silicona médica, que como su nombre indica tiene forma de copita. Hay varias durezas y tallas, en función de diversos factores como si has parido o no o si realizáis con frecuencia ejercicios de suelo pélvico. En las diversas páginas suelen haber test que te orientan bastante bien sobe cual elegir.

¿Cómo se utiliza?

Antes que nada, hay que limpiar y esterilizar la copa. Podéis hervirla o usar unas pastillas Milton (sí, las de los biberones). En mi caso, yo lo esterilizo en el microondas en un vasito de silicona que encargué en el mismo pedido.  Yo esterilizo todas las mañanas.

Para introducir la copa, hay que plegarla, aplastándola o, como prefiero yo, doblándola en cuña, e introducirla  dirigida hacia el culete. Pensad que la vagina es diagonal, no vertical, con lo que si la introducís  perpendicular al torso no quedará alienada con la vagina, pudiendo así derramarse. Recomiendo además, una vez introducida, que presionéis bien la base de la copa para facilitar que haga vacío y se abra correctamente.

Ventajas e inconvenientes

Las ventajas, son bastante evidentes y te las dan los fabricantes. Más sanas, más sostenibles, no irritan y son bastante cómodas; bien colocadas no deberías sentirlas.

En cambio, los inconvenientes no te los dicen, aunque en mi opinión y experiencia dependen más de la maña que se traiga cada una y de la práctica. Yo os enumero los que he encontrado yo:

  • Difícil colocación al principio, es bastante normal no pillar bien el ángulo y tener algún “derrame menstrual”. Nada que con un salva-slip reutilizable no se pueda prevenir, al menos hasta que le pilléis el truco.
  • Es complicado introducirlo si estás muy tensa, ya que la vagina se cierra. Es más, te garantizo que si te desesperas, no entrará. Me ha ocurrido después. Para estas cosas, yo suelo tener a mano un poco de lubricante, por si acaso, y me olvido.
  • Ojo al sacarla: hace un efecto ventosa muy leve, pero lo suficientemente fuerte que si no la extraéis con cuidado puede salir la sangre disparada y provocar la Matanza de Texas en el baño.
  • Cansa el asunto. Ocupa más espacio que un tampón, y te acaba cansando las paredes de la vagina, aunque bien entendido, no tiene por qué ser un problema ya que te ejercita bastante
  • Es poco práctica para los trabajos ambulantes. Aunque ofrezca una protección bastante prolongada (hasta 12 h), es complicada de usar fuera de casa. No es culpa de la copa ni mucho menos, sino de lo mal que se diseñan los baños públicos para mujeres. Lo cierto es que tampoco es necesario esterilizar a cada uso (como os he dicho, yo lo hago por las mañanas) así que con un váter, un kleenex y gel desinfectante de manos yo me las apaño muy bien.

En mi experiencia personal, las ventajas me han compensado enormemente los inconvenientes:

  • En primer lugar, el empoderamiento del que os he hablado: me siento con mucho más control que antes sobre mi cuerpo y mi ciclo, ya que me he basado más en mi propio criterio que en los prejuicios y la publicidad y he probado cosas distintas hasta el mejor método (hasta ahora) para mí.
  • Tengo mucho más espacio que antes en el baño (ya no guardo cajas y cajas de tampones).
  • No me provoca irritaciones, cosa que los tampones y compresas sí (los tampones, además, me absorbían demasiado flujo deshidratándome la zona).
  • Siento que estoy luchando contra la cultura del usar y tirar ya que estoy reduciendo drásticamente la producción de residuos en mi casa.
  • Tengo una relación más natural con mi cuerpo y lo conozco mejor. Ahora sé perfectamente la cantidad de sangre que estoy expulsando. Y ya no me da asco e incluso, el último día del período, en el que no sangro casi nada y no traspasa, me permito hasta el lujo del sangrado libre (para mí es como un flujo normal), cosa que antes de usar la copa no haría.

¿Dónde puedo comprarla?

MeLuna:http://http://www.copameluna.com/

Ladycup: http://www.ladycup.es/

Intimina: https://www.intimina.com/es/lily_cups

Copas menstruales: http://www.copasmenstruales.com/content/22-que-son-las-copas-menstruales

¿Alguna recomendación más?

Esta es una valoración basada en mi experiencia. Cada mujer es un mundo, y consiguientemente, cada menstruación también es diferente. Por eso os recomiendo leer muchas más revisiones para que podáis haceros una idea qué podéis esperar de este producto.

¿Estáis de acuerdo con el artículo? ¿Qué os parece el invento? ¿Alguna de vosotras ha probado la copa? ¡Cualquier cosa, me lo dejáis en los comentarios! Estaría encantada de oír todas vuestras opiniones.

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2 pensamientos en “La copa menstrual: una experiencia de empoderamiento

  1. Ostras… “el sangrado libre”. Es la primera vez que veo tan bien recogido y resumido esto. Yo también lo he adoptado desde que uso la copa, y no sé, es una liberación, para mí significa mucho. Creo que la palabra “libre” lo clava… ¡Me encanta! Viva el sangrado libreee.

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